miércoles, 20 de mayo de 2015
LOS APORTES DEL CANAL AL ESTADO PANAMEÑO
domingo, 13 de mayo de 2012
SOBRE LA PUBLICACIÓN PERIODÍSTICA DEL DIARIO LA PRENSA TITULADA: LOS ESCOLLOS FRENAN EL METRO BUS Pacífico Castrellón Santamaría
domingo, 18 de marzo de 2012
GERÓNIMO, EL MARTIR DE LOS NGOBE Y LA LUCHA CONTRA LA MINERÍA METÁLICA Y LAS HIDROELÉCTRICAS
Cuando estuve en la tierra de Abanto, donde los blancos son la minoría, a menudo recibía la pregunta “chinchosa” de si en Panamá, había obras monumentales de las culturas ancestrales, como es normal verlas por todos lados en esa tierra y mi respuesta siempre fue la manida historia del lugar de tránsito porque las grandes migraciones de los pueblos originarios pasaron por aquí, luego los de la colonia y así seguimos sin parar; claro está, con la salvedad de la cultura de Barriles y sus monolitos, que como estos, no los hay allá y los detallaba al extremo: los de Barriles un día desaparecieron, les dije y migraron al sur, donde fueron los antecesores de los grandes constructores de los Incas, con lo cual cosechaba sonrisas complacientes e irónicas pero vino Juanita de Ampato a mi ayuda, una virgen sacrificada para apaciguar al Apus de Ampato, como deben conocer la historia: la encontraron momificada en el hielo y hoy se conserva en un museo a bajas temperaturas; de ella extrajeron el ADN y al compararlo con los datos de la investigación del genoma humano; valla sorpresa, su abuela era Guaimí y su tatarabuela, vivía por allá lejos, por el Asia. Ustedes vinieron de Panamá, les dije y hasta podemos reclamarlos, advertí. Y para mí, fue un momento de alegría en mis años de angustia, prodigado por la Guarmíe de Ampato.
En Tolé, la presencia de los cholos ha sido permanente y todos la tenemos grabadas en nuestras mentes; las vestiduras coloridas de las mujeres, sus costumbres y sus características: tienes el pelo cholo o no sé qué hacer con esta cholera, dicen las mujeres refiriéndose al pelo lacio… en realidad estamos transidos de la choledad. En casa de quién no trabajó un cholo o acaso no fueron también una fuerza de trabajo destacada en la zona y más allá, como en la bananera y en los cafetales de Boquete; a la vez que vendedores de artesanías e importantes consumidores; con un peso significativo en las economías lugareñas y de la provincia; que fueron sobreexplotados, inhumana e injustamente tratados además, hay que decirlo sin ambages y lo que es peor, han sido los abandonados de siempre, dejados a su suerte, a merced de las enfermedades y de las penurias; muy poco es lo que hemos hecho por nuestra población originaria; una de nuestras vergüenzas. “Nosotros los cholos no tenemos nada/ No pedimos nada/ Pues faltando todo/ Todo nos alcanza”.
En mis recuerdos también están aquellas camionadas de cholos, que los políticos bandidos llevaban a votar, valla a saber con qué engaño y ni bien habían votado, allí mismo quedaban olvidados. Y, así siguieron en el olvido por años hasta, que un día formaron parte de los quinientos cinco, de la asamblea de diputados y luego les demarcaron el territorio, llamándolo comarcas, lo que al parecer no preocupó mucho, salvo a algunos ganaderos de las alturas pero vino el maldito día en que tiraron del cuero nuevamente y volvieron a hablar de la mina, “la caja de las pestes y las calamidades”. Ahora, los comerciantes, que todo lo venden y el único valor que reconocen es la ganancia, están dispuestos a vender las minas por dos centavos así tengan que volarles perdigones y matar a los cholos, que ahora abandonan los cientos de años de olvido para ser importantes. ¿Quién habría pensado en la figura de una mujer cacique, sobre todo de una mujer, que se sentara en la mesa a negociar con el gobierno? Lo que hoy es una realidad.
“Déjame en la puna/ vivir a mis anchas/ trepar por los cerros/ detrás de mis cabras/ arando la tierra/ tejiendo unos/ ponchos/ pastando mis llamas/ y echar a los vientos/ la voz de mi quena”. Dijeron los de Abanto, que sí saben de minas porque han vivido en el socavón y se han contaminado con mercurio; los pobres de siempre, aunque de las entrañas de la tierra brote oro, plata, cobre, aluminio y todos los metales que gusten. Ocurrió en los tiempos de la colonia y por qué no ahora.
A cuál cholo le habrán pedido pareceres para otorgar una concesión minera, no lo sé y me aventuro a decir que a ninguno; como, no le habrán consultado a ningún chiricano, santeño, coclesano, veragüense o colonense; en realidad, a ningún panameño le han preguntado si quieren que Panamá sea un país minero; esos son negocios de grandes y según ellos, no necesitan consultar ni les conviene explicar. Qué sabemos de minas o qué nos han explicado, que no sea aquello de los ríos de plata; como aquel discurso de un político de los setenta: “Niños, díganle a sus padres, que no tendrán que trabajar más y que se preparen para recoger el dinero, que vendrá como un río”. ¡Esas leyendas trashumantes! Como los ladrillos de plata de las calles de La Plata. Cuando en realidad, los cholos pagaron un precio muy alto a causa de la explotación minera desde los tiempos de la colonia, lo que no parece ser diferente ahora, si miramos un poco sobre el tema en el Internet, donde también podemos aprender sobre minas e informarnos sobre el peligro y los daños causados por la minería en diferentes países porque de los beneficios habrá poco que decir, que no sean aquellas elucubraciones sin sentido de la estadísticas sobre las toneladas de oro, plata y cobre per cápita que producimos.
Y, créanme lo que les digo, como no somos un país minero, no me había interesado en saber cómo le sacaban el cobre a esos cerros pedregosos, así que le consulté a Nicasio Cutipa, que si sabe de cobre porque vio año tras año como se lo llevaron de su país. De la larga y confusa explicación, podríamos resumir que sacaban la roca de la tierra, la molían hasta que quedara como maíz molido para pollo y luego le echaban unos líquidos que le sacaba un jugo cobrizo y después lo echaban al horno, luego lo vaciaban en unos moldes, de donde sacaban las barras, que una vez enfriadas eran enviadas en tren al puerto y de allí al barco, que se los llevaba lejos, valla a saber dónde y que a ellos sólo les quedaba la contaminación. Y, pensar que de ese cerro molido, solamente el uno por ciento es el cobre que se llevarán, de cuyo precio regalarán dos centavos al gobierno y nos dejarán el noventa y nueve por ciento de material contaminado, escoria y gases venenosos, que serán arrastrados por los ríos, las aguas subterráneas y llevados por el viento, dejándonos un paisaje desolador y las mil consecuencias; entre ellas, las causadas a la sociedad y a las futuras generaciones. No por gusto, el Centro de Estudios del Cobre y la Minería de Chile, nos advertía de llevar un estricto control ambiental por estar nuestro país en la zona de bosques tropicales lluviosos. Lo que dudo que remotamente se haga, a juzgar por lo que ya ocurre con la explotación minera.
En el caso de las hidroeléctricas, que también son objeto de las protestas de los pueblos originarios de nuestro país, tengo una percepción diferente porque ellas en sí dependen de la conservación del medio para su funcionamiento; aunque inicialmente causen trastornos ecológicos, que comparados con la minería, serían insignificantes y además, temporales; si bien, modifican el paisaje pero hasta cierto punto, favorablemente porque incorpora un lago y una cuenca que debe ser preservada y que contiene en sí sus potencialidades. El tema de hecho está asociado a la generación de energía, al uso de la tierra, a la transformación del medio ambiente y al cambio del sistema de vida de los habitantes de las zonas donde se construyan las hidroeléctricas.
Lo real es que el problema energético no es exclusivo de nuestro país, es global y hay una demanda creciente de energía, que llega a niveles elevados, sin la cual el crecimiento y el desarrollo no son posibles; hemos dependido históricamente de los combustibles, que van desde la utilización de la madera como combustible, con el consecuente deterioro del bosque, pasando por el carbón de piedra hasta los hidrocarburos o combustibles fósiles y con ello, hemos contribuido a causar graves daños al medio, de modo que estamos frente a las consecuencias del calentamiento global, de lo cual tienen gran responsabilidad las potencias económicas. Si bien, existen otras maneras de generar energía, utilizando las fuentes que no causan contaminación como es el caso de la hidráulica, la de mayores potencialidades, la eólica, la solar, etc.
De estas, sólo la hidráulica ha sido desarrollada a gran escala. Sin embargo, está como alternativa la energía nuclear, que está bajo control por sus aplicaciones bélicas y por ser una espada de Damocles, además de tener costos elevados y emplear tecnologías complejas, que no puede ser utilizada por países económicamente pobres y políticamente inestables. Sin embargo, existe además una versión menos riesgosa de esta energía, que es el caso de su pariente el Torio, más seguro, eficiente y abundante. En la realidad, estamos ante el gran problema de la demanda de energía y de la búsqueda de soluciones alternativas, que evitarían consecuencias insospechadas en todos los órdenes de nuestras vidas y nuestro país no escapa de ello.
Al parecer, en nuestro caso, las fuentes hidráulicas constituyen una alternativa a la solución del problema, nada despreciables, dado el potencial de que disponemos, sin que ello signifique que no se recurra a otras fuentes de energía igualmente limpias. En la actualidad, la generación eléctrica en nuestro país por poco es la mitad hidráulica y la otra mitad térmica, lo que no es un panorama halagador, especialmente cuando se han incorporado plantas térmicas en base al consumo de carbón, una de las más sucias o contaminantes, lo que significa también que se privilegien soluciones alternativas de corto plazo por intereses económicos, sin que importen las consecuencias y también, que la desaparición del IRHE, a manos de los mercantiles dejó un gran vacío, cuya venta fue uno de los más grandes errores que políticos algunos hayan cometido; el sector energético en manos privadas es catastrófico porque para ellos es una inversión que debe dar réditos a cualquier costo, sin que importe el universo del problema y muestra de ello es el conflicto que confrontamos con los Ngôbés en el oriente de Chiriquí y en Bocas, actualmente y que no se hará esperar en el caso de las hidroeléctricas de paso del occidente de Chiriquí; lo que no habría ocurrido, me atrevo a asegurarlo, si el IRHE estuviese a cargo de ellas porque comprendía el problema, tenía la experiencia necesaria y sabía qué hacer anticipadamente.
Las hidroeléctricas ocupan espacio porque en algunos casos, se deben inundar considerables extensiones de tierra y conservar una cuenca, territorios que antes estaban dedicados a la ganadería extensiva y en muchos casos a la agricultura de subsistencia; lo que normalmente no es comparable en términos económicos a los beneficios de una hidroeléctrica; sin embargo, habría que considerar otros valores como los culturales y los derechos de los habitantes de estos territorios, lo que hoy nos tiene entrabados con los Ngôbé por no haberlos contemplado.
Nuestros pueblos originarios, que hoy se ubican en territorios denominados comarcas, defienden su territorio, el sistemas de vida, sus costumbres; en suma, sus manifestaciones culturales y ello incluye el uso de la tierra, que en este caso es colectivo, como hacen por ejemplo los pueblos andinos, con un nivel productivo superior. En este caso, con las hidroeléctricas ven amenazadas las fuentes de aguas, que constituyen para ellos parte de la despensa alimenticia, que ahora se convertiría en un lago además, con el que hay que aprender a lidiar. Quienes conocemos la zona, sabemos que hay también grandes extensiones de tierras sin aprovechamiento y deforestadas, que se han ido degradando con el tiempo; como también, un desarrollo agrícola muy incipiente y escaso, por decir lo menos, entre tantas razones por el abandono al que han sido sometidos.
A pesar de que registran un crecimiento poblacional importante, que incluso los ha llevado a migrar a distintos lugares del país; no podríamos decir, que se han asentado en lugares poblados como tales, que les permita beneficiarse de los servicios elementales de las comunidades urbanas, como lo hemos experimentado o de la interconexión mediante vías de comunicación, líneas de suministro eléctrico o sistemas de abastecimientos de agua y sanitarios; a la vez, que ha sido escasa la atención escolar y la asistencia de salud. Según los entendidos, la dispersión poblacional dificulta la posibilidad de acceder a estos beneficios y no favorece el mejoramiento de las condiciones de vida de estas poblaciones aunque hay que entender que su sistema de vida obedece a patrones culturales raizales, lo que no significa que puedan evolucionar como en el caso de las poblaciones andinas, que conservan celosamente sus manifestaciones culturales, la lengua, las costumbres, la propiedad colectiva de la tierra y demás pero viven en lugares poblados, con lo que acceden fácilmente a los servicios que brinda el estado a la sociedad aunque ello signifique intervenir en sus manifestaciones culturales.
De todo ello, saldremos beneficiados porque la lucha de los Ngôbé contra las minas nos aleja de la destrucción que causan y podremos decir al menos que salvaron nuestra provincia, lo que no ocurrirá con la explotación minera en otros lados del país; sobre las hidroeléctricas, pese a la reticencia, llegaremos también a la conclusión de que tolerarán su desarrollo y aprenderán a beneficiarse de ellas porque se trata también de resolver nuestras necesidades de energía en bien de la nación entera.
En lo personal, debo decirlo con claridad: estoy en desacuerdo con la explotación minera metálica y creo que es necesario desarrollar gradualmente nuestro potencial hidroeléctrico, como no veo con agrado que un sector tan importante como el energético esté en manos privadas, por lo que sería necesario darle vida nuevamente al IRHE en una versión acorde con los tiempos y perfectible, que participe en el sector y cumpla su labor social, que no harán los intereses privados. Se trata pues de repensar el país para beneficio de la nación entera.
lunes, 14 de noviembre de 2011
LAS PLAZAS DE TOLÉ LAGUIDECEN
Esos enormes espacios abiertos, tan útiles como necesarios, donde la juventud por generaciones emprendió sus correrías y se divirtió hasta el cansancio, son apenas un recuerdo vago o una idea del pasado; hoy están ocupadas desordenadamente por edificaciones de todo tipo, que bien pudieran estar ubicadas en lugares apropiados, que generosamente aun tienen a disposición.
Qué argumentos vanos imperaron al momento de acabarlas, ya no tiene sentido saberlo pero de algo si podemos estar seguros: no entendieron al Maestro Joaquín, a Evangelista, Cervelio y Juvenal, que desde el año 1958, sentaron las bases del ordenamiento espacial del pueblo y equivocadamente los desoyeron, arruinando además el mejor activo del pueblo, el legado de nuestros antepasados, que permaneció allí cuando menos por más de cien años hasta que decidieron terminar con ellas y que bien merece ser recuperado.
En su vorágine, pretendieron vender la 24 de Diciembre, la última plaza que aún sobrevive, para la construcción un centro comercial, idea tan descabellada como absurda pero es que “a la vuelta de la esquina”, ya habían edificado una mole en tributo al mal gusto, con las pretensiones de un gimnasio pero no se detuvieron allí: ahora construyeron esa enorme y costosa jaula metálica, que acabará en herrumbres y despojos, para albergar una cancha de fulbito con grama sintética, de esas que vemos en la ciudad capital, que acá no tienen sentido. Y, ello ocurre porque las autoridades estarían actuando sin una visión del futuro, norte ni referencia, ante la ausencia del ordenamiento espacial del pueblo y su control, que ya lo amerita.
Tolé es parte importante de la región oriental de Chiriquí, que se extiende hasta Bocas del Monte, con potencialidades conocidas e insospechadas, buena para constituirla en una región especial de desarrollo del país, con su presidencia regional, demás estamentos y la presencia de las instituciones del país pero además, se entrelaza con otra región no menos importante, a lo largo de la carretera de Soná a Guabalá, que eventualmente irrumpirá con pujanza y qué decir del futuro de los Ngöbes, con una parte de ellos vinculada permanentemente a nuestro pueblo.
Empecemos entonces con visión de futuro y la conciencia política adecuada, dando los pasos necesarios hacia un futuro mejor: empezando por dejar a los entendidos, que los tenemos, la planificación del crecimiento y desarrollo de nuestro pueblo, el ordenamiento espacial y su control, evitando así las improvisaciones y el desperdicio de recursos que tanta falta nos hacen.
Por estos días, un amigo y más que ello, escritor panameño, paso por Tolé y desde allá escribió, que lo encontró entre otras calamidades, lleno de cantinas; así lo expresó en el Internet. Y, Dios quiera, que a ningún desalmado se le ocurra instalar allí un casino, ni encuentre la autoridad que lo permita.
Y, porque en sus palabras, mi amigo el escritor en realidad alude a la suerte de un pueblo, que da más importancia al vicio que a la formación cultural, lo que debe ser preocupación de las autoridades pero, nos toca directamente a muchos de nosotros por nuestra ingratitud, al no retribuir con beneficios lo que modestamente nos dio o ayudó a lograr.
En Tolé, como en todos los pueblos de nuestro país, están fuera de él la mayor parte de lo más granado de sus hijos, desde hombres sencillos, técnicos, artistas y hacedores hasta personalidades profesionales e intelectuales, que deben mirar hacia nuestros orígenes, entre tanto, contribuyendo con ideas y concreciones, para favorecer el desarrollo cultural de nuestro pueblo.
Pacifico Castrellon Santamaría
domingo, 12 de diciembre de 2010
SALVEMOS LA ÚLTIMA PLAZA DE TOLÉ
Pacífico Castrellón Santamaría.
Los que regresamos un día al pueblo en que nacimos y en particular, cuando ocurre después de una larga ausencia, lo hacemos entre tantas razones para volver a las raíces; el retorno, a lo que no puedo escapar. Como una manera de reencontrarnos con los familiares y los amigos que nos quedan y con los seres queridos que ya emprendieron el viaje pero también para ir por esas calles y plazas, reviviendo aquellos tiempos, en donde de niños dimos rienda suelta a la imaginación y los sueños; esos espacios abiertos ayudaron a forjar nuestras vidas también pero hoy veo con tristeza, que a Tolé sólo le queda una de aquellas plazas tan apreciadas como recordadas, las han destruido como si no quedaran niños en el pueblo y por infortunio está amenazada al igual y no puedo guardar silencio.
El Tolé, que heredé de los antepasados quienes moldearon el espíritu y la forma del pueblo que ya no existe: los Castrellón, Santamaria, Alvarado, Murgas, Rosas, Antinori, Fosatti, Arjona, Abrego, Álvarez, Arauz, Ortiz, Duarte, Pineda, Sanjur, Chacón, Castillo y tantos más, que en estos momentos escapan a mi memoria, quienes iniciaron la formación el complicado tejido social de mi pueblo, que ya no es igual y ahora acaba con aquel sueño; destruyendo las plazas, salpicándolas como una colcha de retazos desordenada, con toda suerte de edificaciones e instalaciones.
Los niños de mi pueblo, ya no podrán correr a sus anchas y jugar libremente y no verán las hermosas cabalgatas que se formaban casi espontáneamente, desatando rivalidades que muchas veces se definían en el campo del honor, ni podrán bailar sus trompos ni volar las cometas como lo hacíamos en nuestro tiempo. Ya es poco el espacio que nos queda.
Y, no es que piense, que el pueblo debió permanecer congelada en el tiempo; todo cambia, es verdad pero no progresamos como sociedad y personas; si se quiere, como seres humanos, si destruimos el legado de nuestros antepasados, especialmente por lo visionarios que fueron: ¡Qué decir de aquellos, que ordenaron espacialmente a nuestro pueblo siglos atrás, sin mezquindades! Ellos sí pensaron en el mañana y lejos debieron estar de imaginar que unos insensatos, fríos y calculadores, descuartizarían las plazas en su mañana, nuestro hoy. Y, es por ello que el maestro José Joaquín Araúz, Evangelista Santamaría, Cervelio Pineda y Juvenal Sanjur, las autoridades del pueblo, a quienes hay que rendir honor; tal vez como adelantados o temerosos de los que pudiera ocurrir, en 1958 expidieron un acuerdo municipal, manifestando que la integridad de las plazas debía mantenerse a todo trance, preservando así, uno de los patrimonios más preciados de nuestro pueblo hasta entonces: las plazas e incluso llegaron a nombrarlas y definirlas.
Cuando era de esperarse, que las autoridades actuales, a quienes no vale mencionar, se preocuparan más por el bienestar de la sociedad y la preservación del medio ambiente, entre tantos aspectos que se imponen en estos tiempos: hacen lo contrario; expiden en el 2010, un lamentable acuerdo municipal, con el pretexto de que el anterior no se ajusta a la realidad y al crecimiento del distrito, anulándolo en todos sus partes y quedando así las manos libres para acabar con la última plaza, la “12 de Octubre”.
Pero es que la destrucción de las plazas ya se había iniciado: en la “19 de Marzo” empezaron por poner a la Iglesia en un cuarto de la misma, cuando debió mantenerse en el lugar original; luego, vino el edificio municipal y más instalaciones, incluyendo a La Caja de Ahorros. En la Plaza “3 de Noviembre”, yace moribundo un adefesio: el gimnasio, si se le puede llamar así y otras instalaciones incluyendo una casa. Y, así, la de la escuela, que ha sido restringida lateralmente y la del cementerio, que se expanden sobre las plazas, tal vez las únicas decisiones perdonables porque la educación es primera y no podemos tirar nuestros muertos al barranco.
Nos hemos a caso, dedicado a contemplar la destrucción de las plazas, no lo sé pero en mayo de este año, un centenar y medio de personas levantaron su voz de protesta en una misiva que enviaron al Consejo Municipal de Tolé, pidiendo que se respete a la última plaza que nos queda, la “12 de octubre” que podría ser vendida a un comerciante para edificar allí sus instalaciones, si es que no advertimos de la ilegalidad que estarían cometiendo y no recurrimos a la instancia correspondiente para frenar el despropósito.
¡Qué equivocadas están las autoridades en su concepción del progreso! Al destruir las plazas, el mejor activo del distrito; no hacen más que destruir el legado de nuestros antepasados y castigar a las futuras generaciones. Y, es que en al Distrito de Tolé le faltan tierras, ¿Se acabaron acaso? ¿No había lotes que comprar para estas edificaciones?
Salvemos pues la única plaza que nos queda, impidiendo su destrucción por las vías legales porque el derecho nos asiste, antes que los intereses económicos prevalezcan.
viernes, 21 de mayo de 2010
COMO ENFRENTAR LA VIOLENCIA DELICTIVA O LA DELINCUENCIA EN NUESTRO PAÍS - SEGUNDA PARTE

COMO ENFRENTAR LA VIOLENCIA DELICTIVA O LA DELINCUANCIA EN
NUESTRO PAÍS.
SEGUNDA PARTE
Pacífico Castrellón Santamaría.
Para enfrentar la violencia delictiva o la delincuencia, contrario a los métodos caracterizados por su dureza, habría que recurrir a lo que debió haberse hecho antes: ir a la búsqueda del equilibrio social, económico, político y porque no, educativo y cultural entre otros, de bastos sectores de la sociedad, logrando un nivel de desarrollo humano aceptable, para lo cual se requiere la política correspondiente. Y, para graficar la importancia de la educación y la cultura en el tema, bueno fuese que un presidente empeñara su palabra diciendo que en adelante, los niños de este país, se educarían como sus hijos o mejor que ellos.
Y, recordemos, que en la actualidad, los cambios suceden rápidamente y ya no, evolucionando sino destruyendo lo que no se sostiene. Si alguna vez, soñamos con una sociedad ideal en nuestro país, nos equivocamos porque han imperado las deformaciones y el resultado ha sido la violencia inaudita pero no estamos perdidos, sólo tememos expresar nuestras ideas o lo hacemos de la mano de quienes tienen poca claridad o intereses particulares. Si deseamos corregir el rumbo, debemos hacernos las viejas preguntas: ¿Quiénes somos y hacia dónde vamos? De modo, que sólo nos queda unir fuerzas contra el mal y rogar a Dios que nos ayude.
Se trata de formular una propuesta que pudiera ser de utilidad, entendiendo que la solución es de largo aliento y nos corresponde a los panameños. Y, pretendemos, la creación de una entidad especializada: La Autoridad o como pudiera llamarse, con la responsabilidad de dirigir la lucha, conjuntamente con el Estado, la Sociedad Civil y la Sociedad en general. Para ello, propongo lo siguiente:
Declarar el problema de la violencia delictiva o la delincuencia, en estado de emergencia, para establecer el nivel de importancia y la prioridad que debe darse a la búsqueda de una solución.
Crear La Autoridad encargada de la pacificación del país, con la jerarquía y el poder necesario para cumplir su cometido, quien tendría la responsabilidad primaria en la lucha contra este mal y sería la encargada de establecer las políticas y los planes a seguir, así como su ejecución en conjunto con las agencias del estado, la Sociedad Civil y la Sociedad en general.
La autoridad estaría adscrita al presidente de la República, a un nivel superior al ministerial y con la autonomía necesaria. Daría cuenta de su trabajo al Órgano Legislativo y a la ciudadanía, mediante la divulgación permanente. Y, debido a la naturaleza de su trabajo, debe permanecer al margen de cualquier interés político, económico, religioso, etc. O, injerencia externa
La Autoridad sería la responsable política de la lucha y tendría a su cargo la dirección ejecutiva y técnica de la misma, incluyendo en ello a la criminalidad organizada, la drogadicción, la prevención y represión de los delitos, así como la rehabilitación de la persona encarcelada y su reinserción en la sociedad.
La autoridad coordinaría con las agencias del Estado, el desarrollo de programas tendientes a mejorar el nivel de bienestar de los sectores marginales de la sociedad, susceptibles de incurrir en actos delictivos y establecer vínculos o asociaciones de igual naturaleza.
La Autoridad, tendría a cargo el establecimiento de las políticas penitenciarias y coordinaría con el instituto a cargo, la aplicación de las mismas y las supervisará; con el objetivo de rehabilitar a la persona encarcelada y reinsertarlo en la sociedad, que es el fin de la pena. Convirtiendo los centros penitenciarios en unidades educativas.
Para el cumplimiento de sus responsabilidades, La Autoridad, también llevaría a efecto sus cometidos por intermedio de los ministerios y sus dependencias, las agencia del estado, La sociedad Civil y la Sociedad en general.
La Autoridad, prestaría especial atención al cumplimiento procesal y la ejecución penal, disponiendo de un cuerpo de abogados para ello, que además prestarían asistencia gratuita al encarcelado y su familia. Y, podría recomendar la concesión de indultos humanitarios.
La Autoridad, tendría iniciativa legislativa relativa al ámbito de su competencia y a su cargo, una unidad de investigación criminológica con el personal especializado. Y, tendría competencia a nivel nacional, con las representaciones correspondientes.
La Autoridad, mantendría un plan de educación ciudadana sobre la delincuencia y como prevenirla, difundido permanentemente y al igual, establecería ciclos de conferencias en los centros penitenciarios sobre diversos temas.
La Autoridad, promovería la realización de la producción penitenciaria y asistirá a la persona encarcelada para incorporarla a la vida económica de la nación y favorecería la participación de la intelectualidad del país, en esta lucha y en la formación cultural de los sectores marginados, como de la población penitenciaria; cuyos aportes serían invaluables.
La Autoridad, velaría por la atención a las víctimas, entre otras posibilidades, con la asistencia legal y el seguimiento de los casos. Y, promovería el desarrollo los sectores susceptibles de incurrir en la violencia delictiva, con programas que contribuyan a su bienestar.
La Autoridad, tendría su norma constitutiva, cuya vigencia debe extenderse hasta que el problema de muestras de haberse solucionado, cuando se convertiría en un organismo de control y seguimiento y en un instituto dedicado al estudio de la delincuencia, que podría retomar el rol o reeditar La Autoridad si el problema persistiera.
Nota: La Sociedad Civil, son las organizaciones, asociaciones, sociedades, grupos, cámaras, sindicatos, clubes, medios, etc. tradicionalmente conocidas fuera del estado; sin las cuales, poco se lograría.
COMO ENFRENTAR LA VIOLENCIA DELICTIVA O LA DELINCUENCIA EN NUESTRO PAÍS

COMO ENFRENTAR LA VIOLENCIA DELICTIVA O LA DELINCUANCIA EN NUESTRO PAÍS.
PRIMERA PARTE
Pacífico Castrellón Santamaría
La propuesta, pretende ser una alternativa para enfrentar la violencia que padece el país y dar atención a las víctimas. Y, está basada en el hecho de que, la naturaleza y complejidad del problema nos afecta severamente, al grado de comprometer la seguridad del país, la libertad y nuestras propias vidas e incluso, el porvenir de la nación. Considerando, que es deber del Estado, la Sociedad Civil y de la Sociedad, enfrentarla conjuntamente de manera adecuada.
Las manifestaciones de la violencia, han llegado a niveles alarmantes, sin precedentes y nos está convirtiendo en una nación insegura, a riesgo de ser inviable y comprometer la soberanía. De prevalecer la violencia y el crimen organizado, estaríamos en peligro permanente; como preocupante es también el número, la naturaleza y las modalidades de los crímenes cometidos; como el dolor causado.
Inquietante es que una nación pacífica y cristiana, sea presa de una vorágine sin una salida viable. Y, si dolorosas son las pérdidas de vidas humanas, severos son los efectos adversos al crecimiento y desarrollo del país. Esta violencia pareciera ser el producto de la conjugación perjudicial del fenómeno nativo con el importado, que nos mantiene en la inseguridad permanente y sea cual fuere su complejidad, tenemos un problema considerable que enfrentar.
Corresponde entonces preguntarse, si tenemos conciencia de la magnitud del problema, sus orígenes e implicaciones y si el Estado está preparado para la batalla, conforme a las leyes y el respeto a los derechos humanos, si atiende las recomendaciones de nuestros especialistas o se adoptan experiencias ajenas a nuestra realidad. Si por ello, hay acaso un desconcierto que re refleja en respuestas intempestivas, cargadas de emotividad. Al igual, si se atienden debidamente a las víctimas y se resuelven los casos haciendo justicia.
Encontrar una solución, no es simple y tarda años en lograrse; por lo que es apremiante emprender la tarea. Cierto es que el conflicto viene de tiempo atrás y no fue atendido oportuna y adecuadamente; por ello, nos abruma no poder remediarlo aún y es ineludible, combatir el mal al igual que conocer al enemigo para lidiar con él y vencerlo. A la vez, hay que educar al ciudadano para que pueda enfrentarlo y evitar que las fuerzas del estado lo hagan con métodos igualmente violentos y violatorios de los derechos humanos porque la nación que lo hace, deja a sus hijos en la orfandad.
Como el problema ocurre en casa, compete a los panameños resolverlo con el concurso de nuestros especialistas, en donde el Estado, la Sociedad Civil y la Sociedad en conjunto, jueguen en papel protagónico, sin permitir la intromisión de extraños o la aplicación de métodos que corresponden a realidades distintas.
Debido a que el problema no está al margen de nuestra realidad y la de determinados grupos o sectores, que por más de una “preocupante razón” son susceptibles de incurrir en tal violencia. Por ello, hay que eliminar las causas del mal, entre otras posibilidades, mejorando sus condiciones de vida y alejándolos de la marginalidad al incorporarlos positivamente a la vida de la nación; por enfatizar: con la educación y el acceso a los beneficios de la cultura.
Si entre nuestras aspiraciones está la de vivir en una sociedad segura, hay mucho que hacer y largo será el camino para lograrlo; pues, requerimos del tesón, la fuerza moral necesaria y de una visión superior, despojada de sentimientos adversos. En especial, del impulso valiente de quienes han sufrido por el accionar de la delincuencia, porque detenerla significa salvar vidas. Para ello, la sociedad tiene que unificar fuerzas, librando una lucha común contra la violencia sin dejarla únicamente al Estado.
Debido a la naturaleza del problema, podríamos entender que el Estado, por sí mismo, no está preparado para enfrentarlo exitosamente y es preocupante el desequilibrio social a pesar del crecimiento del país, que es evidente. Al igual, inquieta que para combatirlo, prevalezcan los métodos represivos y la política de encarcelamiento indefinido. Y, que la rehabilitación de la persona encarcelada no sea la norma, al dejarla a su suerte con el consiguiente efecto adverso, al alimentar el odio a la sociedad; con el agravante de que el delincuente se especializa y establece nuevas asociaciones y más aún, cuando las malas condiciones carcelarias lejos de ser un castigo, lo endurecen.
De modo, que las largas condenas, la pena de muerte y las cárceles infernales o las “Islas del diablo”, no constituyen una solución y contrario a ello, tienen implicaciones morales y políticas severas. Estos tratamientos, que son métodos violentos en si mismos, contribuyen al recrudecimiento de la violencia y al aumento del numero de asesinatos; debido a que el delincuente, a sabiendas de lo que le espera, en su mentalidad, por simple lógica evitaría dejar testigos vivos. Y, aún cuando los mantengan de por vida en las cárceles, los martirizan y terminan mitificándolos, con el consiguiente efecto de emulación y más, si se les aplica la pena de muerte, que dudo de su efecto disuasivo y en vez de ello, sus aplicadores quedarían mal nombrados en la historia. Así que otra es la solución.
Continúa en la siguiente entrega, con la propuesta.
