viernes, 21 de mayo de 2010

COMO ENFRENTAR LA VIOLENCIA DELICTIVA O LA DELINCUENCIA EN NUESTRO PAÍS


PROPUESTA SOBRE
COMO ENFRENTAR LA VIOLENCIA DELICTIVA O LA DELINCUANCIA EN NUESTRO PAÍS.
PRIMERA PARTE
Pacífico Castrellón Santamaría
La propuesta, pretende ser una alternativa para enfrentar la violencia que padece el país y dar atención a las víctimas. Y, está basada en el hecho de que, la naturaleza y complejidad del problema nos afecta severamente, al grado de comprometer la seguridad del país, la libertad y nuestras propias vidas e incluso, el porvenir de la nación. Considerando, que es deber del Estado, la Sociedad Civil y de la Sociedad, enfrentarla conjuntamente de manera adecuada.
Las manifestaciones de la violencia, han llegado a niveles alarmantes, sin precedentes y nos está convirtiendo en una nación insegura, a riesgo de ser inviable y comprometer la soberanía. De prevalecer la violencia y el crimen organizado, estaríamos en peligro permanente; como preocupante es también el número, la naturaleza y las modalidades de los crímenes cometidos; como el dolor causado.
Inquietante es que una nación pacífica y cristiana, sea presa de una vorágine sin una salida viable. Y, si dolorosas son las pérdidas de vidas humanas, severos son los efectos adversos al crecimiento y desarrollo del país. Esta violencia pareciera ser el producto de la conjugación perjudicial del fenómeno nativo con el importado, que nos mantiene en la inseguridad permanente y sea cual fuere su complejidad, tenemos un problema considerable que enfrentar.
Corresponde entonces preguntarse, si tenemos conciencia de la magnitud del problema, sus orígenes e implicaciones y si el Estado está preparado para la batalla, conforme a las leyes y el respeto a los derechos humanos, si atiende las recomendaciones de nuestros especialistas o se adoptan experiencias ajenas a nuestra realidad. Si por ello, hay acaso un desconcierto que re refleja en respuestas intempestivas, cargadas de emotividad. Al igual, si se atienden debidamente a las víctimas y se resuelven los casos haciendo justicia.
Encontrar una solución, no es simple y tarda años en lograrse; por lo que es apremiante emprender la tarea. Cierto es que el conflicto viene de tiempo atrás y no fue atendido oportuna y adecuadamente; por ello, nos abruma no poder remediarlo aún y es ineludible, combatir el mal al igual que conocer al enemigo para lidiar con él y vencerlo. A la vez, hay que educar al ciudadano para que pueda enfrentarlo y evitar que las fuerzas del estado lo hagan con métodos igualmente violentos y violatorios de los derechos humanos porque la nación que lo hace, deja a sus hijos en la orfandad.
Como el problema ocurre en casa, compete a los panameños resolverlo con el concurso de nuestros especialistas, en donde el Estado, la Sociedad Civil y la Sociedad en conjunto, jueguen en papel protagónico, sin permitir la intromisión de extraños o la aplicación de métodos que corresponden a realidades distintas.
Debido a que el problema no está al margen de nuestra realidad y la de determinados grupos o sectores, que por más de una “preocupante razón” son susceptibles de incurrir en tal violencia. Por ello, hay que eliminar las causas del mal, entre otras posibilidades, mejorando sus condiciones de vida y alejándolos de la marginalidad al incorporarlos positivamente a la vida de la nación; por enfatizar: con la educación y el acceso a los beneficios de la cultura.
Si entre nuestras aspiraciones está la de vivir en una sociedad segura, hay mucho que hacer y largo será el camino para lograrlo; pues, requerimos del tesón, la fuerza moral necesaria y de una visión superior, despojada de sentimientos adversos. En especial, del impulso valiente de quienes han sufrido por el accionar de la delincuencia, porque detenerla significa salvar vidas. Para ello, la sociedad tiene que unificar fuerzas, librando una lucha común contra la violencia sin dejarla únicamente al Estado.
Debido a la naturaleza del problema, podríamos entender que el Estado, por sí mismo, no está preparado para enfrentarlo exitosamente y es preocupante el desequilibrio social a pesar del crecimiento del país, que es evidente. Al igual, inquieta que para combatirlo, prevalezcan los métodos represivos y la política de encarcelamiento indefinido. Y, que la rehabilitación de la persona encarcelada no sea la norma, al dejarla a su suerte con el consiguiente efecto adverso, al alimentar el odio a la sociedad; con el agravante de que el delincuente se especializa y establece nuevas asociaciones y más aún, cuando las malas condiciones carcelarias lejos de ser un castigo, lo endurecen.
De modo, que las largas condenas, la pena de muerte y las cárceles infernales o las “Islas del diablo”, no constituyen una solución y contrario a ello, tienen implicaciones morales y políticas severas. Estos tratamientos, que son métodos violentos en si mismos, contribuyen al recrudecimiento de la violencia y al aumento del numero de asesinatos; debido a que el delincuente, a sabiendas de lo que le espera, en su mentalidad, por simple lógica evitaría dejar testigos vivos. Y, aún cuando los mantengan de por vida en las cárceles, los martirizan y terminan mitificándolos, con el consiguiente efecto de emulación y más, si se les aplica la pena de muerte, que dudo de su efecto disuasivo y en vez de ello, sus aplicadores quedarían mal nombrados en la historia. Así que otra es la solución.
Continúa en la siguiente entrega, con la propuesta.

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