viernes, 21 de mayo de 2010

COMO ENFRENTAR LA VIOLENCIA DELICTIVA O LA DELINCUENCIA EN NUESTRO PAÍS - SEGUNDA PARTE


PROPUESTA SOBRE
COMO ENFRENTAR LA VIOLENCIA DELICTIVA O LA DELINCUANCIA EN
NUESTRO PAÍS.
SEGUNDA PARTE
Pacífico Castrellón Santamaría.
Para enfrentar la violencia delictiva o la delincuencia, contrario a los métodos caracterizados por su dureza, habría que recurrir a lo que debió haberse hecho antes: ir a la búsqueda del equilibrio social, económico, político y porque no, educativo y cultural entre otros, de bastos sectores de la sociedad, logrando un nivel de desarrollo humano aceptable, para lo cual se requiere la política correspondiente. Y, para graficar la importancia de la educación y la cultura en el tema, bueno fuese que un presidente empeñara su palabra diciendo que en adelante, los niños de este país, se educarían como sus hijos o mejor que ellos.
Y, recordemos, que en la actualidad, los cambios suceden rápidamente y ya no, evolucionando sino destruyendo lo que no se sostiene. Si alguna vez, soñamos con una sociedad ideal en nuestro país, nos equivocamos porque han imperado las deformaciones y el resultado ha sido la violencia inaudita pero no estamos perdidos, sólo tememos expresar nuestras ideas o lo hacemos de la mano de quienes tienen poca claridad o intereses particulares. Si deseamos corregir el rumbo, debemos hacernos las viejas preguntas: ¿Quiénes somos y hacia dónde vamos? De modo, que sólo nos queda unir fuerzas contra el mal y rogar a Dios que nos ayude.
Se trata de formular una propuesta que pudiera ser de utilidad, entendiendo que la solución es de largo aliento y nos corresponde a los panameños. Y, pretendemos, la creación de una entidad especializada: La Autoridad o como pudiera llamarse, con la responsabilidad de dirigir la lucha, conjuntamente con el Estado, la Sociedad Civil y la Sociedad en general. Para ello, propongo lo siguiente:
Declarar el problema de la violencia delictiva o la delincuencia, en estado de emergencia, para establecer el nivel de importancia y la prioridad que debe darse a la búsqueda de una solución.
Crear La Autoridad encargada de la pacificación del país, con la jerarquía y el poder necesario para cumplir su cometido, quien tendría la responsabilidad primaria en la lucha contra este mal y sería la encargada de establecer las políticas y los planes a seguir, así como su ejecución en conjunto con las agencias del estado, la Sociedad Civil y la Sociedad en general.
La autoridad estaría adscrita al presidente de la República, a un nivel superior al ministerial y con la autonomía necesaria. Daría cuenta de su trabajo al Órgano Legislativo y a la ciudadanía, mediante la divulgación permanente. Y, debido a la naturaleza de su trabajo, debe permanecer al margen de cualquier interés político, económico, religioso, etc. O, injerencia externa
La Autoridad sería la responsable política de la lucha y tendría a su cargo la dirección ejecutiva y técnica de la misma, incluyendo en ello a la criminalidad organizada, la drogadicción, la prevención y represión de los delitos, así como la rehabilitación de la persona encarcelada y su reinserción en la sociedad.
La autoridad coordinaría con las agencias del Estado, el desarrollo de programas tendientes a mejorar el nivel de bienestar de los sectores marginales de la sociedad, susceptibles de incurrir en actos delictivos y establecer vínculos o asociaciones de igual naturaleza.
La Autoridad, tendría a cargo el establecimiento de las políticas penitenciarias y coordinaría con el instituto a cargo, la aplicación de las mismas y las supervisará; con el objetivo de rehabilitar a la persona encarcelada y reinsertarlo en la sociedad, que es el fin de la pena. Convirtiendo los centros penitenciarios en unidades educativas.
Para el cumplimiento de sus responsabilidades, La Autoridad, también llevaría a efecto sus cometidos por intermedio de los ministerios y sus dependencias, las agencia del estado, La sociedad Civil y la Sociedad en general.
La Autoridad, prestaría especial atención al cumplimiento procesal y la ejecución penal, disponiendo de un cuerpo de abogados para ello, que además prestarían asistencia gratuita al encarcelado y su familia. Y, podría recomendar la concesión de indultos humanitarios.
La Autoridad, tendría iniciativa legislativa relativa al ámbito de su competencia y a su cargo, una unidad de investigación criminológica con el personal especializado. Y, tendría competencia a nivel nacional, con las representaciones correspondientes.
La Autoridad, mantendría un plan de educación ciudadana sobre la delincuencia y como prevenirla, difundido permanentemente y al igual, establecería ciclos de conferencias en los centros penitenciarios sobre diversos temas.
La Autoridad, promovería la realización de la producción penitenciaria y asistirá a la persona encarcelada para incorporarla a la vida económica de la nación y favorecería la participación de la intelectualidad del país, en esta lucha y en la formación cultural de los sectores marginados, como de la población penitenciaria; cuyos aportes serían invaluables.
La Autoridad, velaría por la atención a las víctimas, entre otras posibilidades, con la asistencia legal y el seguimiento de los casos. Y, promovería el desarrollo los sectores susceptibles de incurrir en la violencia delictiva, con programas que contribuyan a su bienestar.
La Autoridad, tendría su norma constitutiva, cuya vigencia debe extenderse hasta que el problema de muestras de haberse solucionado, cuando se convertiría en un organismo de control y seguimiento y en un instituto dedicado al estudio de la delincuencia, que podría retomar el rol o reeditar La Autoridad si el problema persistiera.
Nota: La Sociedad Civil, son las organizaciones, asociaciones, sociedades, grupos, cámaras, sindicatos, clubes, medios, etc. tradicionalmente conocidas fuera del estado; sin las cuales, poco se lograría.

COMO ENFRENTAR LA VIOLENCIA DELICTIVA O LA DELINCUENCIA EN NUESTRO PAÍS


PROPUESTA SOBRE
COMO ENFRENTAR LA VIOLENCIA DELICTIVA O LA DELINCUANCIA EN NUESTRO PAÍS.
PRIMERA PARTE
Pacífico Castrellón Santamaría
La propuesta, pretende ser una alternativa para enfrentar la violencia que padece el país y dar atención a las víctimas. Y, está basada en el hecho de que, la naturaleza y complejidad del problema nos afecta severamente, al grado de comprometer la seguridad del país, la libertad y nuestras propias vidas e incluso, el porvenir de la nación. Considerando, que es deber del Estado, la Sociedad Civil y de la Sociedad, enfrentarla conjuntamente de manera adecuada.
Las manifestaciones de la violencia, han llegado a niveles alarmantes, sin precedentes y nos está convirtiendo en una nación insegura, a riesgo de ser inviable y comprometer la soberanía. De prevalecer la violencia y el crimen organizado, estaríamos en peligro permanente; como preocupante es también el número, la naturaleza y las modalidades de los crímenes cometidos; como el dolor causado.
Inquietante es que una nación pacífica y cristiana, sea presa de una vorágine sin una salida viable. Y, si dolorosas son las pérdidas de vidas humanas, severos son los efectos adversos al crecimiento y desarrollo del país. Esta violencia pareciera ser el producto de la conjugación perjudicial del fenómeno nativo con el importado, que nos mantiene en la inseguridad permanente y sea cual fuere su complejidad, tenemos un problema considerable que enfrentar.
Corresponde entonces preguntarse, si tenemos conciencia de la magnitud del problema, sus orígenes e implicaciones y si el Estado está preparado para la batalla, conforme a las leyes y el respeto a los derechos humanos, si atiende las recomendaciones de nuestros especialistas o se adoptan experiencias ajenas a nuestra realidad. Si por ello, hay acaso un desconcierto que re refleja en respuestas intempestivas, cargadas de emotividad. Al igual, si se atienden debidamente a las víctimas y se resuelven los casos haciendo justicia.
Encontrar una solución, no es simple y tarda años en lograrse; por lo que es apremiante emprender la tarea. Cierto es que el conflicto viene de tiempo atrás y no fue atendido oportuna y adecuadamente; por ello, nos abruma no poder remediarlo aún y es ineludible, combatir el mal al igual que conocer al enemigo para lidiar con él y vencerlo. A la vez, hay que educar al ciudadano para que pueda enfrentarlo y evitar que las fuerzas del estado lo hagan con métodos igualmente violentos y violatorios de los derechos humanos porque la nación que lo hace, deja a sus hijos en la orfandad.
Como el problema ocurre en casa, compete a los panameños resolverlo con el concurso de nuestros especialistas, en donde el Estado, la Sociedad Civil y la Sociedad en conjunto, jueguen en papel protagónico, sin permitir la intromisión de extraños o la aplicación de métodos que corresponden a realidades distintas.
Debido a que el problema no está al margen de nuestra realidad y la de determinados grupos o sectores, que por más de una “preocupante razón” son susceptibles de incurrir en tal violencia. Por ello, hay que eliminar las causas del mal, entre otras posibilidades, mejorando sus condiciones de vida y alejándolos de la marginalidad al incorporarlos positivamente a la vida de la nación; por enfatizar: con la educación y el acceso a los beneficios de la cultura.
Si entre nuestras aspiraciones está la de vivir en una sociedad segura, hay mucho que hacer y largo será el camino para lograrlo; pues, requerimos del tesón, la fuerza moral necesaria y de una visión superior, despojada de sentimientos adversos. En especial, del impulso valiente de quienes han sufrido por el accionar de la delincuencia, porque detenerla significa salvar vidas. Para ello, la sociedad tiene que unificar fuerzas, librando una lucha común contra la violencia sin dejarla únicamente al Estado.
Debido a la naturaleza del problema, podríamos entender que el Estado, por sí mismo, no está preparado para enfrentarlo exitosamente y es preocupante el desequilibrio social a pesar del crecimiento del país, que es evidente. Al igual, inquieta que para combatirlo, prevalezcan los métodos represivos y la política de encarcelamiento indefinido. Y, que la rehabilitación de la persona encarcelada no sea la norma, al dejarla a su suerte con el consiguiente efecto adverso, al alimentar el odio a la sociedad; con el agravante de que el delincuente se especializa y establece nuevas asociaciones y más aún, cuando las malas condiciones carcelarias lejos de ser un castigo, lo endurecen.
De modo, que las largas condenas, la pena de muerte y las cárceles infernales o las “Islas del diablo”, no constituyen una solución y contrario a ello, tienen implicaciones morales y políticas severas. Estos tratamientos, que son métodos violentos en si mismos, contribuyen al recrudecimiento de la violencia y al aumento del numero de asesinatos; debido a que el delincuente, a sabiendas de lo que le espera, en su mentalidad, por simple lógica evitaría dejar testigos vivos. Y, aún cuando los mantengan de por vida en las cárceles, los martirizan y terminan mitificándolos, con el consiguiente efecto de emulación y más, si se les aplica la pena de muerte, que dudo de su efecto disuasivo y en vez de ello, sus aplicadores quedarían mal nombrados en la historia. Así que otra es la solución.
Continúa en la siguiente entrega, con la propuesta.