domingo, 12 de diciembre de 2010

SALVEMOS LA ÚLTIMA PLAZA DE TOLÉ


Pacífico Castrellón Santamaría.

Los que regresamos un día al pueblo en que nacimos y en particular, cuando ocurre después de una larga ausencia, lo hacemos entre tantas razones para volver a las raíces; el retorno, a lo que no puedo escapar. Como una manera de reencontrarnos con los familiares y los amigos que nos quedan y con los seres queridos que ya emprendieron el viaje pero también para ir por esas calles y plazas, reviviendo aquellos tiempos, en donde de niños dimos rienda suelta a la imaginación y los sueños; esos espacios abiertos ayudaron a forjar nuestras vidas también pero hoy veo con tristeza, que a Tolé sólo le queda una de aquellas plazas tan apreciadas como recordadas, las han destruido como si no quedaran niños en el pueblo y por infortunio está amenazada al igual y no puedo guardar silencio.

El Tolé, que heredé de los antepasados quienes moldearon el espíritu y la forma del pueblo que ya no existe: los Castrellón, Santamaria, Alvarado, Murgas, Rosas, Antinori, Fosatti, Arjona, Abrego, Álvarez, Arauz, Ortiz, Duarte, Pineda, Sanjur, Chacón, Castillo y tantos más, que en estos momentos escapan a mi memoria, quienes iniciaron la formación el complicado tejido social de mi pueblo, que ya no es igual y ahora acaba con aquel sueño; destruyendo las plazas, salpicándolas como una colcha de retazos desordenada, con toda suerte de edificaciones e instalaciones.

Los niños de mi pueblo, ya no podrán correr a sus anchas y jugar libremente y no verán las hermosas cabalgatas que se formaban casi espontáneamente, desatando rivalidades que muchas veces se definían en el campo del honor, ni podrán bailar sus trompos ni volar las cometas como lo hacíamos en nuestro tiempo. Ya es poco el espacio que nos queda.

Y, no es que piense, que el pueblo debió permanecer congelada en el tiempo; todo cambia, es verdad pero no progresamos como sociedad y personas; si se quiere, como seres humanos, si destruimos el legado de nuestros antepasados, especialmente por lo visionarios que fueron: ¡Qué decir de aquellos, que ordenaron espacialmente a nuestro pueblo siglos atrás, sin mezquindades! Ellos sí pensaron en el mañana y lejos debieron estar de imaginar que unos insensatos, fríos y calculadores, descuartizarían las plazas en su mañana, nuestro hoy. Y, es por ello que el maestro José Joaquín Araúz, Evangelista Santamaría, Cervelio Pineda y Juvenal Sanjur, las autoridades del pueblo, a quienes hay que rendir honor; tal vez como adelantados o temerosos de los que pudiera ocurrir, en 1958 expidieron un acuerdo municipal, manifestando que la integridad de las plazas debía mantenerse a todo trance, preservando así, uno de los patrimonios más preciados de nuestro pueblo hasta entonces: las plazas e incluso llegaron a nombrarlas y definirlas.

Cuando era de esperarse, que las autoridades actuales, a quienes no vale mencionar, se preocuparan más por el bienestar de la sociedad y la preservación del medio ambiente, entre tantos aspectos que se imponen en estos tiempos: hacen lo contrario; expiden en el 2010, un lamentable acuerdo municipal, con el pretexto de que el anterior no se ajusta a la realidad y al crecimiento del distrito, anulándolo en todos sus partes y quedando así las manos libres para acabar con la última plaza, la “12 de Octubre”.

Pero es que la destrucción de las plazas ya se había iniciado: en la “19 de Marzo” empezaron por poner a la Iglesia en un cuarto de la misma, cuando debió mantenerse en el lugar original; luego, vino el edificio municipal y más instalaciones, incluyendo a La Caja de Ahorros. En la Plaza “3 de Noviembre”, yace moribundo un adefesio: el gimnasio, si se le puede llamar así y otras instalaciones incluyendo una casa. Y, así, la de la escuela, que ha sido restringida lateralmente y la del cementerio, que se expanden sobre las plazas, tal vez las únicas decisiones perdonables porque la educación es primera y no podemos tirar nuestros muertos al barranco.

Nos hemos a caso, dedicado a contemplar la destrucción de las plazas, no lo sé pero en mayo de este año, un centenar y medio de personas levantaron su voz de protesta en una misiva que enviaron al Consejo Municipal de Tolé, pidiendo que se respete a la última plaza que nos queda, la “12 de octubre” que podría ser vendida a un comerciante para edificar allí sus instalaciones, si es que no advertimos de la ilegalidad que estarían cometiendo y no recurrimos a la instancia correspondiente para frenar el despropósito.

¡Qué equivocadas están las autoridades en su concepción del progreso! Al destruir las plazas, el mejor activo del distrito; no hacen más que destruir el legado de nuestros antepasados y castigar a las futuras generaciones. Y, es que en al Distrito de Tolé le faltan tierras, ¿Se acabaron acaso? ¿No había lotes que comprar para estas edificaciones?

Salvemos pues la única plaza que nos queda, impidiendo su destrucción por las vías legales porque el derecho nos asiste, antes que los intereses económicos prevalezcan.

viernes, 21 de mayo de 2010

COMO ENFRENTAR LA VIOLENCIA DELICTIVA O LA DELINCUENCIA EN NUESTRO PAÍS - SEGUNDA PARTE


PROPUESTA SOBRE
COMO ENFRENTAR LA VIOLENCIA DELICTIVA O LA DELINCUANCIA EN
NUESTRO PAÍS.
SEGUNDA PARTE
Pacífico Castrellón Santamaría.
Para enfrentar la violencia delictiva o la delincuencia, contrario a los métodos caracterizados por su dureza, habría que recurrir a lo que debió haberse hecho antes: ir a la búsqueda del equilibrio social, económico, político y porque no, educativo y cultural entre otros, de bastos sectores de la sociedad, logrando un nivel de desarrollo humano aceptable, para lo cual se requiere la política correspondiente. Y, para graficar la importancia de la educación y la cultura en el tema, bueno fuese que un presidente empeñara su palabra diciendo que en adelante, los niños de este país, se educarían como sus hijos o mejor que ellos.
Y, recordemos, que en la actualidad, los cambios suceden rápidamente y ya no, evolucionando sino destruyendo lo que no se sostiene. Si alguna vez, soñamos con una sociedad ideal en nuestro país, nos equivocamos porque han imperado las deformaciones y el resultado ha sido la violencia inaudita pero no estamos perdidos, sólo tememos expresar nuestras ideas o lo hacemos de la mano de quienes tienen poca claridad o intereses particulares. Si deseamos corregir el rumbo, debemos hacernos las viejas preguntas: ¿Quiénes somos y hacia dónde vamos? De modo, que sólo nos queda unir fuerzas contra el mal y rogar a Dios que nos ayude.
Se trata de formular una propuesta que pudiera ser de utilidad, entendiendo que la solución es de largo aliento y nos corresponde a los panameños. Y, pretendemos, la creación de una entidad especializada: La Autoridad o como pudiera llamarse, con la responsabilidad de dirigir la lucha, conjuntamente con el Estado, la Sociedad Civil y la Sociedad en general. Para ello, propongo lo siguiente:
Declarar el problema de la violencia delictiva o la delincuencia, en estado de emergencia, para establecer el nivel de importancia y la prioridad que debe darse a la búsqueda de una solución.
Crear La Autoridad encargada de la pacificación del país, con la jerarquía y el poder necesario para cumplir su cometido, quien tendría la responsabilidad primaria en la lucha contra este mal y sería la encargada de establecer las políticas y los planes a seguir, así como su ejecución en conjunto con las agencias del estado, la Sociedad Civil y la Sociedad en general.
La autoridad estaría adscrita al presidente de la República, a un nivel superior al ministerial y con la autonomía necesaria. Daría cuenta de su trabajo al Órgano Legislativo y a la ciudadanía, mediante la divulgación permanente. Y, debido a la naturaleza de su trabajo, debe permanecer al margen de cualquier interés político, económico, religioso, etc. O, injerencia externa
La Autoridad sería la responsable política de la lucha y tendría a su cargo la dirección ejecutiva y técnica de la misma, incluyendo en ello a la criminalidad organizada, la drogadicción, la prevención y represión de los delitos, así como la rehabilitación de la persona encarcelada y su reinserción en la sociedad.
La autoridad coordinaría con las agencias del Estado, el desarrollo de programas tendientes a mejorar el nivel de bienestar de los sectores marginales de la sociedad, susceptibles de incurrir en actos delictivos y establecer vínculos o asociaciones de igual naturaleza.
La Autoridad, tendría a cargo el establecimiento de las políticas penitenciarias y coordinaría con el instituto a cargo, la aplicación de las mismas y las supervisará; con el objetivo de rehabilitar a la persona encarcelada y reinsertarlo en la sociedad, que es el fin de la pena. Convirtiendo los centros penitenciarios en unidades educativas.
Para el cumplimiento de sus responsabilidades, La Autoridad, también llevaría a efecto sus cometidos por intermedio de los ministerios y sus dependencias, las agencia del estado, La sociedad Civil y la Sociedad en general.
La Autoridad, prestaría especial atención al cumplimiento procesal y la ejecución penal, disponiendo de un cuerpo de abogados para ello, que además prestarían asistencia gratuita al encarcelado y su familia. Y, podría recomendar la concesión de indultos humanitarios.
La Autoridad, tendría iniciativa legislativa relativa al ámbito de su competencia y a su cargo, una unidad de investigación criminológica con el personal especializado. Y, tendría competencia a nivel nacional, con las representaciones correspondientes.
La Autoridad, mantendría un plan de educación ciudadana sobre la delincuencia y como prevenirla, difundido permanentemente y al igual, establecería ciclos de conferencias en los centros penitenciarios sobre diversos temas.
La Autoridad, promovería la realización de la producción penitenciaria y asistirá a la persona encarcelada para incorporarla a la vida económica de la nación y favorecería la participación de la intelectualidad del país, en esta lucha y en la formación cultural de los sectores marginados, como de la población penitenciaria; cuyos aportes serían invaluables.
La Autoridad, velaría por la atención a las víctimas, entre otras posibilidades, con la asistencia legal y el seguimiento de los casos. Y, promovería el desarrollo los sectores susceptibles de incurrir en la violencia delictiva, con programas que contribuyan a su bienestar.
La Autoridad, tendría su norma constitutiva, cuya vigencia debe extenderse hasta que el problema de muestras de haberse solucionado, cuando se convertiría en un organismo de control y seguimiento y en un instituto dedicado al estudio de la delincuencia, que podría retomar el rol o reeditar La Autoridad si el problema persistiera.
Nota: La Sociedad Civil, son las organizaciones, asociaciones, sociedades, grupos, cámaras, sindicatos, clubes, medios, etc. tradicionalmente conocidas fuera del estado; sin las cuales, poco se lograría.

COMO ENFRENTAR LA VIOLENCIA DELICTIVA O LA DELINCUENCIA EN NUESTRO PAÍS


PROPUESTA SOBRE
COMO ENFRENTAR LA VIOLENCIA DELICTIVA O LA DELINCUANCIA EN NUESTRO PAÍS.
PRIMERA PARTE
Pacífico Castrellón Santamaría
La propuesta, pretende ser una alternativa para enfrentar la violencia que padece el país y dar atención a las víctimas. Y, está basada en el hecho de que, la naturaleza y complejidad del problema nos afecta severamente, al grado de comprometer la seguridad del país, la libertad y nuestras propias vidas e incluso, el porvenir de la nación. Considerando, que es deber del Estado, la Sociedad Civil y de la Sociedad, enfrentarla conjuntamente de manera adecuada.
Las manifestaciones de la violencia, han llegado a niveles alarmantes, sin precedentes y nos está convirtiendo en una nación insegura, a riesgo de ser inviable y comprometer la soberanía. De prevalecer la violencia y el crimen organizado, estaríamos en peligro permanente; como preocupante es también el número, la naturaleza y las modalidades de los crímenes cometidos; como el dolor causado.
Inquietante es que una nación pacífica y cristiana, sea presa de una vorágine sin una salida viable. Y, si dolorosas son las pérdidas de vidas humanas, severos son los efectos adversos al crecimiento y desarrollo del país. Esta violencia pareciera ser el producto de la conjugación perjudicial del fenómeno nativo con el importado, que nos mantiene en la inseguridad permanente y sea cual fuere su complejidad, tenemos un problema considerable que enfrentar.
Corresponde entonces preguntarse, si tenemos conciencia de la magnitud del problema, sus orígenes e implicaciones y si el Estado está preparado para la batalla, conforme a las leyes y el respeto a los derechos humanos, si atiende las recomendaciones de nuestros especialistas o se adoptan experiencias ajenas a nuestra realidad. Si por ello, hay acaso un desconcierto que re refleja en respuestas intempestivas, cargadas de emotividad. Al igual, si se atienden debidamente a las víctimas y se resuelven los casos haciendo justicia.
Encontrar una solución, no es simple y tarda años en lograrse; por lo que es apremiante emprender la tarea. Cierto es que el conflicto viene de tiempo atrás y no fue atendido oportuna y adecuadamente; por ello, nos abruma no poder remediarlo aún y es ineludible, combatir el mal al igual que conocer al enemigo para lidiar con él y vencerlo. A la vez, hay que educar al ciudadano para que pueda enfrentarlo y evitar que las fuerzas del estado lo hagan con métodos igualmente violentos y violatorios de los derechos humanos porque la nación que lo hace, deja a sus hijos en la orfandad.
Como el problema ocurre en casa, compete a los panameños resolverlo con el concurso de nuestros especialistas, en donde el Estado, la Sociedad Civil y la Sociedad en conjunto, jueguen en papel protagónico, sin permitir la intromisión de extraños o la aplicación de métodos que corresponden a realidades distintas.
Debido a que el problema no está al margen de nuestra realidad y la de determinados grupos o sectores, que por más de una “preocupante razón” son susceptibles de incurrir en tal violencia. Por ello, hay que eliminar las causas del mal, entre otras posibilidades, mejorando sus condiciones de vida y alejándolos de la marginalidad al incorporarlos positivamente a la vida de la nación; por enfatizar: con la educación y el acceso a los beneficios de la cultura.
Si entre nuestras aspiraciones está la de vivir en una sociedad segura, hay mucho que hacer y largo será el camino para lograrlo; pues, requerimos del tesón, la fuerza moral necesaria y de una visión superior, despojada de sentimientos adversos. En especial, del impulso valiente de quienes han sufrido por el accionar de la delincuencia, porque detenerla significa salvar vidas. Para ello, la sociedad tiene que unificar fuerzas, librando una lucha común contra la violencia sin dejarla únicamente al Estado.
Debido a la naturaleza del problema, podríamos entender que el Estado, por sí mismo, no está preparado para enfrentarlo exitosamente y es preocupante el desequilibrio social a pesar del crecimiento del país, que es evidente. Al igual, inquieta que para combatirlo, prevalezcan los métodos represivos y la política de encarcelamiento indefinido. Y, que la rehabilitación de la persona encarcelada no sea la norma, al dejarla a su suerte con el consiguiente efecto adverso, al alimentar el odio a la sociedad; con el agravante de que el delincuente se especializa y establece nuevas asociaciones y más aún, cuando las malas condiciones carcelarias lejos de ser un castigo, lo endurecen.
De modo, que las largas condenas, la pena de muerte y las cárceles infernales o las “Islas del diablo”, no constituyen una solución y contrario a ello, tienen implicaciones morales y políticas severas. Estos tratamientos, que son métodos violentos en si mismos, contribuyen al recrudecimiento de la violencia y al aumento del numero de asesinatos; debido a que el delincuente, a sabiendas de lo que le espera, en su mentalidad, por simple lógica evitaría dejar testigos vivos. Y, aún cuando los mantengan de por vida en las cárceles, los martirizan y terminan mitificándolos, con el consiguiente efecto de emulación y más, si se les aplica la pena de muerte, que dudo de su efecto disuasivo y en vez de ello, sus aplicadores quedarían mal nombrados en la historia. Así que otra es la solución.
Continúa en la siguiente entrega, con la propuesta.

viernes, 26 de marzo de 2010

MI LARGO REGRESO


Durante los últimos años, he anunciado tantas veces mi regreso a la tierra donde nací, que lo he convertido prácticamente en una obsesión; a cada paso veo la posibilidad de regresar y la convierto en una realidad en mi mente. He ilusionado a mi madre y a toda mi familia haciéndoles creer que era inminente mi regreso; salvo mi hijo mayor, que ha llegado al extremo de decirme: papá es preferible que anuncies tu llegada cuando te encuentres en el satélite del aeropuerto de Panamá”, lo que me parece realista. Este ir y venir no ha sido más que el zigzagueo por la interminable línea que marca el límite de la realidad, de lo que soy culpable pero otras personas también han contribuido a ello:La primera vez, de la que tengo memoria fue cuando mi condena aún era de 30 años; dos policías llegan a la lúgubre celda que ocupaba y en tono firme, dicen: “Castrellón, con todas sus cosas”, lo que podía significar incluso la fatalidad pero era un engaño y hasta una manera pesada de divertirse.Cuando los días del dictador en el poder llegaban a su término; en aquella oportunidad, su alter ego pidió refugio en Panamá y por aquellas cosas de la vida, alguien pensó en mi regreso como una contrapartida o tal vez, como una oportunidad y muchas especulaciones se produjeron al respecto; tanto así, que acá, la periodista “Delta” anunció su programa con unas fotografías en la pantalla, en donde nos ponía frente a frente y bajo el título de “Uno por uno”; lo que fue desmentido en su propio programa por el Primer Ministro “Salas”; a quien saludé personalmente, años después cuando fue al penal a visitar un coterráneo famoso; allí le pregunté sobre el incidente y me respondió: “ya no era posible porque cuando se le informó a las autoridades panameñas, el avión estaba en vuelo pero pudo ser, sólo que no empujaron lo suficiente”; así que este fue otro de los viajes de la imaginación.¡Y, así! Viajé imaginariamente también, cuando el Dr. Antinori hizo las primeras gestiones de mi regreso y me visitó en dos oportunidades en el penal. Y, después, cuando continuaron con la gestión los siguientes Defensores del Pueblo, quienes también me visitaron; eran pasos audaces para el momento pero grandiosos y también, la oportunidad de estrechar las manos de los coterráneos, que se preocupaban por mi suerte.Pero el viaje continuó y en una oportunidad, con motivo de la visita del Primer Ministro Valle Riestra a un preso célebre, el Dr. Simon, que paradójicamente, años después, también sería Primer Ministro. Esa vez, el visitante, al igual, fue a verme y en presencia del Defensor del Pueblo Peruano y del Ministro Quispe, que sonrió irónico ante la explicación que daba sobre mi situación legal; el visitante, pregunto sobre la posibilidad de mi indulto y el defensor respondió que no calificaba y ante mi alegato de que la sentencia era excesiva, hizo ver que habrían otras fórmulas y que iba a hacer algo al respecto pero mi viaje fue corto porque él terminó firmando la ley dictatorial que aparece en el Código de Ejecución Penal, que se ha convertido en una rémora y que el Gobierno actual pone por encima del Tratado que invoco.De los tantos viajes de la imaginación, el más importante fue cuando la Presidenta Moscoso, firmó con el Gobierno del Perú, el Tratado para el Traslado de Personas Condenadas, en vigencia, que el Perú no ha honrado; en su momento, fue para mí como tener en las manos un boleto de avión de Copa en las manos. Y, a partir de allí, mis esperanzas empezaban a tener visos de realidad.Uno de los viajes de la imaginación también fue el nuevo juicio en el fuero civil, donde la condena de 30 años, que no era más que la muerte en vida, pasó a ser de 15, aunque en determinados momentos pareció que pudo haber sido menor e incluso; pensé además en el fin de mi tormento.Como todo empezaba a ser diferente y mi sentencia de 15 años había sido confirmada por La Corte Suprema del Perú; en el año dos mil seis, hice mi primera solicitud formal de traslado a Panamá, amparándome en el Tratado firmado entre ambos países; consiente, a la vez de que el Perú había firmado incluso tratados similares con 17 países. Y, como era de suponer, aparecieron de inmediato dos obstáculos a mi petición: una ley de tiempos de la dictadura, que a la luz de los jueces, impedía la aplicación del Tratado porque prohibía el traslado; a la vez que se aseguraba de su cumplimiento mediante otra ley en donde él tenía que autorizar el traslado. Y, por su lado, el hecho de que aún no había pagado la reparación civil; por lo que mi petición fue denegada.Posteriormente, en mayo del 2007, logré la libertad condicional pero aquí hizo su aparición uno de los “Ticuyricu” del Dictador Fujimori, que ocupa el cargo de Procurador, quien se empeñó en hacerme regresar al Penal, valiéndose de todos los recursos posibles e incluso demandando al Juez que me otorgó la liberación condicional. Y, aprovechando el hecho de estar en libertad condicional:Por segunda vez, solicité mi traslado, en virtud del Tratado en mención y en esta oportunidad, por intermedio de la Embajada de Panamá y a nombre del Gobierno Panameño, al cual agradezco, como también puede hacerse según el Tratado y nuevamente, la Cancillería se empeñaba en lograr mi traslado dando pasos importantes; entre ellos, el envío de dos misiones al Perú a tratar el tema; quienes, conjuntamente con el Embajador realizaron una serie de entrevistas a los altos niveles de la Administración de Justicia, entre otros y posteriormente, el Embajador por su parte en las esferas políticas y de la Administración, que incluían al Premier y a la Ministra de Justicia de entonces; en varias de estas entrevistas estuve presente y supe de su importancia. La gestión estaba dirigida a exponer el interés del Gobierno Panameño en relación a mi traslado y para ello, el caso bebía pasar de la esfera Judicial al Poder Ejecutivo, donde el Presidente del Perú tomaría la última decisión al respecto, a la vez que podía ser objeto de una petición a su nivel; lo que no llegó a ocurrir porque no salimos del Poder Judicial.La gestión, duró desde finales del 2007 hasta principios del 2009. Esta vez, el Embajador Roberto Díaz Herrera, quien puso todo su empeño hasta más no poder, lo que aprecio, presentó la documentación a la Cancillería del Perú; que luego, fue enviada a la Unidad de Cooperación del Ministerio Público y de allí a La Sala Para Procesos Con Reos en Cárcel, donde había estado la primera vez. En esta oportunidad, La Sala falló a mi favor declarando procedente la petición pero en la etapa de notificación, el Procurador apeló la decisión y logró que la propia Sala anulara su Resolución y enviara el expediente al Colegiado “B” de la misma Sala para que resolviera, en cuya audiencia, el Presidente de La Sala, le dijo textualmente al Procurador: “Usted que quiere, no es mejor que el señor se vaya a su país con su familia…”, lo que fue música para mis oídos y debo entender, que ruido para el Procurador; para entonces, había pagado la multa y la Reparación Civil y todo indicaba que la decisión sería a mi favor pero “Oh sorpresa”, fallaron en mi contra, declarando improcedente mi petición; cambio repentino que resultaba incomprensible.Pero las cosas no quedan allí, mi regreso puede ser afectado aún más, debido a que recientemente han aprobado una Ley que anula las leyes, que otorgaron beneficios penitenciarios a las personas que habían cometido los delitos de terrorismo y otros. Las que emanaron de una sentencia de La Corte de San José, donde le ordena al Estado ponerse al día con respecto a los estándares de derechos. Lamentablemente, en esta ley se eliminan los beneficios penitenciarios y en virtud de la cual, perdería los 8 meses y medio que me reconocieron en calidad de beneficios y no podría regresar en marzo como esperaba, salvo mejor opinión, sino al vencimiento de la condena, el 30 de noviembre de 2010.Me quedaba entonces la posibilidad de apelar a la Corte Suprema pero, qué sentido tenía, me dije a mi mismo, si el 14 de marzo del 2010, debía regresar a Panamá y esta apelación podría tardar más en resolverse, con el agravante de la persistencia del Procurador, que podía impedir mi regreso por estar pendiente la apelación.El argumento para impedir mi regreso está en el Artículo del Código de Ejecución Penal que prohíbe el traslado de personas que hayan cometido tales delitos, incluyendo el que se me atribuye; desconociendo de esta manera El Tratado suscrito entre ambos gobiernos; la Convención Interamericana para el Traslado de Personas Condenadas y el Convenio de Viena, que en una de sus partes establece, que los Estados deben cumplir Los Tratados de buena fe y que no se puede exponer como argumento las leyes nacionales para impedir el cumplimiento de los tratados. En este caso, el Perú ha desconocido el Tratado firmado con nuestro país.Todo este zigzagueo, crea aún mayor incertidumbre y hasta infunde temores porque ya no sabría que esperar a futuro.Pacífico Castrellón Santamaría.Lima, 12 de Diciembre de 2009.

miércoles, 24 de febrero de 2010

LA VIOLENCIA DELICTIVA NOS DESANGRA LENTAMENTE - PANAMÁ 2010.


¡Por Dios y por el bien de la nación, hagamos algo para detener la sangría, que ha empezado! No esperemos a que la violencia delictiva nos convierta en un país inviable y se apodere de nuestras vidas. Es necesario evitar, que nos acerquemos peligrosamente a una escalada sin retorno. Y, tomemos conciencia de la magnitud del problema, sin ocultar la realidad y en su lugar, hay que combatirlo inteligentemente, desde sus raíces, con toda nuestras fuerzas; pensando siempre en dejarle un mundo mejor a nuestros hijos.
Éste, no es un problema simple, es verdad y debido a su naturaleza, no se resolverá de un momento a otro; tal pareciera que tiene vida propia y un comportamiento sistemático, que puede ser emulado. Es una vorágine, que todo lo daña a su paso y hasta podríamos considerarlo como un ente peligroso, que no puede ser ocultado aunque su accionar se produzca bajo el manto de la oscuridad; no necesariamente de la noche pero al amanecer, los resultados están a la vista: muertes a diario por todos lados.
Y, ya no podemos concebir este tipo de violencia como algo insignificante y lejano, que normalmente ocurre en otros países; está entre nosotros, en nuestras calles y mal haríamos en pensar, que pertenece a un mundo aparte, cuando en realidad se apodera de nosotros y empezamos a sentir un ligero temor; pues ya nadie está a salvo, nos constriñe y coarta nuestra libertad. Y, lo peor es, que puede llegar en cualquier momento a la tranquilidad de nuestros hogares, de manera trágica y sin importar que seamos inocentes.
En nuestra familia, el luto y el dolor, toco a la puerta hace unos días; mi sobrino, el único hijo de uno de mis hermanos, fue asesinado de un disparo cobardemente mientras conducía un taxi y no sabemos por qué ni quien lo hizo. Dolidos y angustiados, saboreando el amargo de la impotencia, seguimos a la espera de que La Policía resuelva el crimen y la justicia haga lo propio: castigando con todo el peso de la ley a quienes le quitaron la vida pero no podemos quedarnos sumidos en el dolor, ni emprender la venganza personal y en vez de ello, es nuestro deber contribuir para que otras familias no vistan de luto; también, como una manera de honrar la memoria de nuestro familiar.
A diario, hay quienes pierden la vida absurdamente, de un disparo o de peor manera; ya sea porque desencadenaron el hecho o fueron víctimas inocentes; al parecer, no sólo se trata del instinto criminal de algunas personas, sino de un sistema de vida que se está enquistando en nuestra sociedad, que es peor: irónicamente podríamos decir que se están formando el mal hábito de resolver los problemas a tiros, en vez de hacerlo razonablemente. Y, ¿Qué decir? Cuando se trata del crimen organizado.
Y si quisiéramos encontrar las raíces del problema, sin ir muy lejos, bastaría con remontarnos algunos años atrás, en el pasado cercano, a las contradicciones permanentes que ha experimentado nuestra sociedad, que con el tiempo se han convertido en el caldo de cultivo de la violencia y que hoy prevalecen. Sin que sea necesario teorizar sobre la violencia, basta recordar, que los sectores marginados de la sociedad panameña, han crecido en la angustia permanente y la desesperanza; ante la mirada indiferente de todos nosotros.
Hoy llegamos al extremo de convertir a los menores de doce años en personas penalmente responsables, lo que cuestiona nuestra esencia y nos alarma porque tan grave es, que los menores cometan crímenes como penarlos; lo que al parecer es un círculo vicioso, con el agravante de que en la cárcel se especializarán y terminarán convertidos en fieras llenas de odio; hombres, sin esperanzas ni ilusiones y lo peor, sin que alguien haya sido capaz de hacer algo por ellos. Cuando la violencia delictiva, involucra a menores de esta edad, tenemos un problema grave, en el seno de nuestra sociedad y debemos ser consientes de ello, así como enfrentarlo.
Qué dudas caben, hemos visto el problema llegar y es poco lo que hemos hecho, a pesar de las advertencias y nos hemos esperanzado en que el Estado lo resuelva pero a ellos, se les ha salido entre los dedos y lo vemos tirando palos de ciego: recrudeciendo penas; poniendo alambradas descomunales en los penales; pidiendo consejos a los que tratan la violencia con violencia; pensando en construir ciudades penitenciarias y hasta en reeditar la isla del diablo o la jaula de los tigres y también, pidiéndoles a los medios que oculten la violencia o como ahora, acercando a la cuna la edad en que las personas son penalmente responsable, entre otras ideas descabelladas; en vez de emprender un programa de rehabilitación de detenidos e ir a las raíces del problema en lo profundo de la sociedad.
Por todo ello, debo insistir en que la sociedad tiene que tomar las riendas y lidiar con el monstruo. Para ello, es necesario declarar en emergencia nacional al país debido al problema de la delincuencia y crear una autoridad superior, que planifique, dirija y coordine todos los esfuerzos que se hagan para resolver el problema, en donde estarían representadas las agencias del Estado, las organizaciones representativas del sector privado y la sociedad agremiada en su conjunto y en especial, los institutos, las agrupaciones especializadas en el tema y los entendidos en la materia; esquema, que se multiplicaría, en la medida de las posibilidades en todo el país, porque todos tenemos la responsabilidad de enfrentar el problema.
Hay mucho que hacer y se necesita realizar un trabajo de rehabilitación efectiva de la persona encarcelada y para ello no es suficiente la autoridad penitenciaria y policial; el sector privado debe actuar, así como las agencias del estado, las organizaciones sociales, los agremiados y los grupos religiosos porque también el problema es de espiritualidad. Se necesita darle al hombre que falta a las reglas del juego de la sociedad, la esperanza de resurgir como un hombre nuevo, que pueda ser incluso, agente de cambio.
Si, hacemos una distinción de la procedencia social de las personas, que incurren en la violencia delictiva, de las causas y la naturaleza de las mismas, estaríamos en mejores condiciones de enfrentar el problema y de aplicar el remedio, aunque se sabe que en la dispersión social de las ocurrencias, esta puede llegar incluso a niveles insospechados. Como ocurre con el narcotráfico, responsable de muchas muertes y del deterioro de quienes consumen la droga, que requiere se una cadena compleja e incluso del lavado del dinero, que opera en determinados sectores económicos y sociales.
De cualquier manera, podríamos diferenciar entre la violencia doméstica o cuando es influida por la importada, que al igual, tendría un componente significativo. El punto es que opera a distintos niveles de nuestra sociedad y que hay sectores más afectados; tal vez, los marginales de siempre, que son los propicios como caldos de cultivo del mal y es allí donde habría que empezar.
Estas personas necesitan mejores condiciones de vida y en especial, la juventud, la que debe ser atendida integral y prioritariamente. No es preciso que lo diga pero aparte de alimentación, vivienda, salud, educación, cultura, bienestar físico, recreativo y deportivo, necesitan trabajo, formación profesional y convertirse en personas productivas; en suma, en seres positivos que se valgan por sí mismos y enaltezcan la nación. ¡”hay pues poco tiempo y mucho que hacer”!
Pacífico Castrellón S.