domingo, 12 de diciembre de 2010

SALVEMOS LA ÚLTIMA PLAZA DE TOLÉ


Pacífico Castrellón Santamaría.

Los que regresamos un día al pueblo en que nacimos y en particular, cuando ocurre después de una larga ausencia, lo hacemos entre tantas razones para volver a las raíces; el retorno, a lo que no puedo escapar. Como una manera de reencontrarnos con los familiares y los amigos que nos quedan y con los seres queridos que ya emprendieron el viaje pero también para ir por esas calles y plazas, reviviendo aquellos tiempos, en donde de niños dimos rienda suelta a la imaginación y los sueños; esos espacios abiertos ayudaron a forjar nuestras vidas también pero hoy veo con tristeza, que a Tolé sólo le queda una de aquellas plazas tan apreciadas como recordadas, las han destruido como si no quedaran niños en el pueblo y por infortunio está amenazada al igual y no puedo guardar silencio.

El Tolé, que heredé de los antepasados quienes moldearon el espíritu y la forma del pueblo que ya no existe: los Castrellón, Santamaria, Alvarado, Murgas, Rosas, Antinori, Fosatti, Arjona, Abrego, Álvarez, Arauz, Ortiz, Duarte, Pineda, Sanjur, Chacón, Castillo y tantos más, que en estos momentos escapan a mi memoria, quienes iniciaron la formación el complicado tejido social de mi pueblo, que ya no es igual y ahora acaba con aquel sueño; destruyendo las plazas, salpicándolas como una colcha de retazos desordenada, con toda suerte de edificaciones e instalaciones.

Los niños de mi pueblo, ya no podrán correr a sus anchas y jugar libremente y no verán las hermosas cabalgatas que se formaban casi espontáneamente, desatando rivalidades que muchas veces se definían en el campo del honor, ni podrán bailar sus trompos ni volar las cometas como lo hacíamos en nuestro tiempo. Ya es poco el espacio que nos queda.

Y, no es que piense, que el pueblo debió permanecer congelada en el tiempo; todo cambia, es verdad pero no progresamos como sociedad y personas; si se quiere, como seres humanos, si destruimos el legado de nuestros antepasados, especialmente por lo visionarios que fueron: ¡Qué decir de aquellos, que ordenaron espacialmente a nuestro pueblo siglos atrás, sin mezquindades! Ellos sí pensaron en el mañana y lejos debieron estar de imaginar que unos insensatos, fríos y calculadores, descuartizarían las plazas en su mañana, nuestro hoy. Y, es por ello que el maestro José Joaquín Araúz, Evangelista Santamaría, Cervelio Pineda y Juvenal Sanjur, las autoridades del pueblo, a quienes hay que rendir honor; tal vez como adelantados o temerosos de los que pudiera ocurrir, en 1958 expidieron un acuerdo municipal, manifestando que la integridad de las plazas debía mantenerse a todo trance, preservando así, uno de los patrimonios más preciados de nuestro pueblo hasta entonces: las plazas e incluso llegaron a nombrarlas y definirlas.

Cuando era de esperarse, que las autoridades actuales, a quienes no vale mencionar, se preocuparan más por el bienestar de la sociedad y la preservación del medio ambiente, entre tantos aspectos que se imponen en estos tiempos: hacen lo contrario; expiden en el 2010, un lamentable acuerdo municipal, con el pretexto de que el anterior no se ajusta a la realidad y al crecimiento del distrito, anulándolo en todos sus partes y quedando así las manos libres para acabar con la última plaza, la “12 de Octubre”.

Pero es que la destrucción de las plazas ya se había iniciado: en la “19 de Marzo” empezaron por poner a la Iglesia en un cuarto de la misma, cuando debió mantenerse en el lugar original; luego, vino el edificio municipal y más instalaciones, incluyendo a La Caja de Ahorros. En la Plaza “3 de Noviembre”, yace moribundo un adefesio: el gimnasio, si se le puede llamar así y otras instalaciones incluyendo una casa. Y, así, la de la escuela, que ha sido restringida lateralmente y la del cementerio, que se expanden sobre las plazas, tal vez las únicas decisiones perdonables porque la educación es primera y no podemos tirar nuestros muertos al barranco.

Nos hemos a caso, dedicado a contemplar la destrucción de las plazas, no lo sé pero en mayo de este año, un centenar y medio de personas levantaron su voz de protesta en una misiva que enviaron al Consejo Municipal de Tolé, pidiendo que se respete a la última plaza que nos queda, la “12 de octubre” que podría ser vendida a un comerciante para edificar allí sus instalaciones, si es que no advertimos de la ilegalidad que estarían cometiendo y no recurrimos a la instancia correspondiente para frenar el despropósito.

¡Qué equivocadas están las autoridades en su concepción del progreso! Al destruir las plazas, el mejor activo del distrito; no hacen más que destruir el legado de nuestros antepasados y castigar a las futuras generaciones. Y, es que en al Distrito de Tolé le faltan tierras, ¿Se acabaron acaso? ¿No había lotes que comprar para estas edificaciones?

Salvemos pues la única plaza que nos queda, impidiendo su destrucción por las vías legales porque el derecho nos asiste, antes que los intereses económicos prevalezcan.