viernes, 26 de marzo de 2010

MI LARGO REGRESO


Durante los últimos años, he anunciado tantas veces mi regreso a la tierra donde nací, que lo he convertido prácticamente en una obsesión; a cada paso veo la posibilidad de regresar y la convierto en una realidad en mi mente. He ilusionado a mi madre y a toda mi familia haciéndoles creer que era inminente mi regreso; salvo mi hijo mayor, que ha llegado al extremo de decirme: papá es preferible que anuncies tu llegada cuando te encuentres en el satélite del aeropuerto de Panamá”, lo que me parece realista. Este ir y venir no ha sido más que el zigzagueo por la interminable línea que marca el límite de la realidad, de lo que soy culpable pero otras personas también han contribuido a ello:La primera vez, de la que tengo memoria fue cuando mi condena aún era de 30 años; dos policías llegan a la lúgubre celda que ocupaba y en tono firme, dicen: “Castrellón, con todas sus cosas”, lo que podía significar incluso la fatalidad pero era un engaño y hasta una manera pesada de divertirse.Cuando los días del dictador en el poder llegaban a su término; en aquella oportunidad, su alter ego pidió refugio en Panamá y por aquellas cosas de la vida, alguien pensó en mi regreso como una contrapartida o tal vez, como una oportunidad y muchas especulaciones se produjeron al respecto; tanto así, que acá, la periodista “Delta” anunció su programa con unas fotografías en la pantalla, en donde nos ponía frente a frente y bajo el título de “Uno por uno”; lo que fue desmentido en su propio programa por el Primer Ministro “Salas”; a quien saludé personalmente, años después cuando fue al penal a visitar un coterráneo famoso; allí le pregunté sobre el incidente y me respondió: “ya no era posible porque cuando se le informó a las autoridades panameñas, el avión estaba en vuelo pero pudo ser, sólo que no empujaron lo suficiente”; así que este fue otro de los viajes de la imaginación.¡Y, así! Viajé imaginariamente también, cuando el Dr. Antinori hizo las primeras gestiones de mi regreso y me visitó en dos oportunidades en el penal. Y, después, cuando continuaron con la gestión los siguientes Defensores del Pueblo, quienes también me visitaron; eran pasos audaces para el momento pero grandiosos y también, la oportunidad de estrechar las manos de los coterráneos, que se preocupaban por mi suerte.Pero el viaje continuó y en una oportunidad, con motivo de la visita del Primer Ministro Valle Riestra a un preso célebre, el Dr. Simon, que paradójicamente, años después, también sería Primer Ministro. Esa vez, el visitante, al igual, fue a verme y en presencia del Defensor del Pueblo Peruano y del Ministro Quispe, que sonrió irónico ante la explicación que daba sobre mi situación legal; el visitante, pregunto sobre la posibilidad de mi indulto y el defensor respondió que no calificaba y ante mi alegato de que la sentencia era excesiva, hizo ver que habrían otras fórmulas y que iba a hacer algo al respecto pero mi viaje fue corto porque él terminó firmando la ley dictatorial que aparece en el Código de Ejecución Penal, que se ha convertido en una rémora y que el Gobierno actual pone por encima del Tratado que invoco.De los tantos viajes de la imaginación, el más importante fue cuando la Presidenta Moscoso, firmó con el Gobierno del Perú, el Tratado para el Traslado de Personas Condenadas, en vigencia, que el Perú no ha honrado; en su momento, fue para mí como tener en las manos un boleto de avión de Copa en las manos. Y, a partir de allí, mis esperanzas empezaban a tener visos de realidad.Uno de los viajes de la imaginación también fue el nuevo juicio en el fuero civil, donde la condena de 30 años, que no era más que la muerte en vida, pasó a ser de 15, aunque en determinados momentos pareció que pudo haber sido menor e incluso; pensé además en el fin de mi tormento.Como todo empezaba a ser diferente y mi sentencia de 15 años había sido confirmada por La Corte Suprema del Perú; en el año dos mil seis, hice mi primera solicitud formal de traslado a Panamá, amparándome en el Tratado firmado entre ambos países; consiente, a la vez de que el Perú había firmado incluso tratados similares con 17 países. Y, como era de suponer, aparecieron de inmediato dos obstáculos a mi petición: una ley de tiempos de la dictadura, que a la luz de los jueces, impedía la aplicación del Tratado porque prohibía el traslado; a la vez que se aseguraba de su cumplimiento mediante otra ley en donde él tenía que autorizar el traslado. Y, por su lado, el hecho de que aún no había pagado la reparación civil; por lo que mi petición fue denegada.Posteriormente, en mayo del 2007, logré la libertad condicional pero aquí hizo su aparición uno de los “Ticuyricu” del Dictador Fujimori, que ocupa el cargo de Procurador, quien se empeñó en hacerme regresar al Penal, valiéndose de todos los recursos posibles e incluso demandando al Juez que me otorgó la liberación condicional. Y, aprovechando el hecho de estar en libertad condicional:Por segunda vez, solicité mi traslado, en virtud del Tratado en mención y en esta oportunidad, por intermedio de la Embajada de Panamá y a nombre del Gobierno Panameño, al cual agradezco, como también puede hacerse según el Tratado y nuevamente, la Cancillería se empeñaba en lograr mi traslado dando pasos importantes; entre ellos, el envío de dos misiones al Perú a tratar el tema; quienes, conjuntamente con el Embajador realizaron una serie de entrevistas a los altos niveles de la Administración de Justicia, entre otros y posteriormente, el Embajador por su parte en las esferas políticas y de la Administración, que incluían al Premier y a la Ministra de Justicia de entonces; en varias de estas entrevistas estuve presente y supe de su importancia. La gestión estaba dirigida a exponer el interés del Gobierno Panameño en relación a mi traslado y para ello, el caso bebía pasar de la esfera Judicial al Poder Ejecutivo, donde el Presidente del Perú tomaría la última decisión al respecto, a la vez que podía ser objeto de una petición a su nivel; lo que no llegó a ocurrir porque no salimos del Poder Judicial.La gestión, duró desde finales del 2007 hasta principios del 2009. Esta vez, el Embajador Roberto Díaz Herrera, quien puso todo su empeño hasta más no poder, lo que aprecio, presentó la documentación a la Cancillería del Perú; que luego, fue enviada a la Unidad de Cooperación del Ministerio Público y de allí a La Sala Para Procesos Con Reos en Cárcel, donde había estado la primera vez. En esta oportunidad, La Sala falló a mi favor declarando procedente la petición pero en la etapa de notificación, el Procurador apeló la decisión y logró que la propia Sala anulara su Resolución y enviara el expediente al Colegiado “B” de la misma Sala para que resolviera, en cuya audiencia, el Presidente de La Sala, le dijo textualmente al Procurador: “Usted que quiere, no es mejor que el señor se vaya a su país con su familia…”, lo que fue música para mis oídos y debo entender, que ruido para el Procurador; para entonces, había pagado la multa y la Reparación Civil y todo indicaba que la decisión sería a mi favor pero “Oh sorpresa”, fallaron en mi contra, declarando improcedente mi petición; cambio repentino que resultaba incomprensible.Pero las cosas no quedan allí, mi regreso puede ser afectado aún más, debido a que recientemente han aprobado una Ley que anula las leyes, que otorgaron beneficios penitenciarios a las personas que habían cometido los delitos de terrorismo y otros. Las que emanaron de una sentencia de La Corte de San José, donde le ordena al Estado ponerse al día con respecto a los estándares de derechos. Lamentablemente, en esta ley se eliminan los beneficios penitenciarios y en virtud de la cual, perdería los 8 meses y medio que me reconocieron en calidad de beneficios y no podría regresar en marzo como esperaba, salvo mejor opinión, sino al vencimiento de la condena, el 30 de noviembre de 2010.Me quedaba entonces la posibilidad de apelar a la Corte Suprema pero, qué sentido tenía, me dije a mi mismo, si el 14 de marzo del 2010, debía regresar a Panamá y esta apelación podría tardar más en resolverse, con el agravante de la persistencia del Procurador, que podía impedir mi regreso por estar pendiente la apelación.El argumento para impedir mi regreso está en el Artículo del Código de Ejecución Penal que prohíbe el traslado de personas que hayan cometido tales delitos, incluyendo el que se me atribuye; desconociendo de esta manera El Tratado suscrito entre ambos gobiernos; la Convención Interamericana para el Traslado de Personas Condenadas y el Convenio de Viena, que en una de sus partes establece, que los Estados deben cumplir Los Tratados de buena fe y que no se puede exponer como argumento las leyes nacionales para impedir el cumplimiento de los tratados. En este caso, el Perú ha desconocido el Tratado firmado con nuestro país.Todo este zigzagueo, crea aún mayor incertidumbre y hasta infunde temores porque ya no sabría que esperar a futuro.Pacífico Castrellón Santamaría.Lima, 12 de Diciembre de 2009.