
Confieso, que he esperado este momento durante años y no puedo evitar la extraña sensación que me invade, al tener en mis manos nuevamente a La vendedora de periódicos después de trece años de haber sido incautada y de sufrir los rigores de la prisión a la que fue sometida literalmente: primero, en la oscuridad de los depósitos de La policía donde permaneció la mayoría de esos años hasta, que fue finalmente entregada a los Jueces. La privaron de la libertad sin haber cometido delito alguno, tan sólo por el hecho de ser pintada por alguien que permaneció en ella once años y medio a causa de un pecado de la razón que se convirtió en delito político.
Sensación, que también se refleja en los sentimientos encontrados que experimento: alegría, debido a que está en libertad nuevamente y puedo tocarla otra vez mientras le pido perdón acariciándola con suavidad; ira, por la impotencia de no haber podido hacer nada por ella mientras estuvo en la mazmorra, cuando por más que la pedí no me la devolvieron y no sé si pena por el Procurador, quien pretendió que se entregara al museo del terror con otras de mis pinturas con temas tan cándidos como el beso, muñecas de trapo, bodegón y paisaje.
Al verla, no puedo menos que sentir alegría porque la pintura sobrevivió incluso al dictador y me hace recordar también el dolor que sentí cuando las presentaron en mi juicio, después de ocho largos años: estaban descuidadas, sucias y polvorientas. Esa vez, sólo pude apartar las lágrimas de mis ojos y decirle al Juez: “mire como están” y pedirle que me las devolvieran pero su respuesta fue: “hable con su abogado”, quien me respondió en voz baja: “espera a que todo termine”.
Trece años después, cuando ya todo está por llegar a su fin, insistí en mi petición y el Juez a quien le correspondió resolver, quien es una persona culta y amante del arte, aplicó la justicia ordenando la devolución de las pinturas porque no hay relación entre ellas y los hechos sobre los cuales el pintor fue sentenciado.
La pintura, trata de una vendedora de periódicos con un niño a cuestas a la usanza serrana y un haz de periódicos en las manos mientras camina por el mercado de frutas anunciando su venta. Fue absurdamente encarcelada porque los Sha-Kales del dictador algún peligro vieron en ella, tanto así que me sobrepasó en años en la prisión.
Ahora está en mis manos, cuidaré de ella y la llevaré de regreso a mi país, donde mis descendientes la pasarán de una generación a otra disfrutando indefinidamente de la libertad.
Pacífico Castrellón S.
31 de diciembre de 2008.
Sensación, que también se refleja en los sentimientos encontrados que experimento: alegría, debido a que está en libertad nuevamente y puedo tocarla otra vez mientras le pido perdón acariciándola con suavidad; ira, por la impotencia de no haber podido hacer nada por ella mientras estuvo en la mazmorra, cuando por más que la pedí no me la devolvieron y no sé si pena por el Procurador, quien pretendió que se entregara al museo del terror con otras de mis pinturas con temas tan cándidos como el beso, muñecas de trapo, bodegón y paisaje.
Al verla, no puedo menos que sentir alegría porque la pintura sobrevivió incluso al dictador y me hace recordar también el dolor que sentí cuando las presentaron en mi juicio, después de ocho largos años: estaban descuidadas, sucias y polvorientas. Esa vez, sólo pude apartar las lágrimas de mis ojos y decirle al Juez: “mire como están” y pedirle que me las devolvieran pero su respuesta fue: “hable con su abogado”, quien me respondió en voz baja: “espera a que todo termine”.
Trece años después, cuando ya todo está por llegar a su fin, insistí en mi petición y el Juez a quien le correspondió resolver, quien es una persona culta y amante del arte, aplicó la justicia ordenando la devolución de las pinturas porque no hay relación entre ellas y los hechos sobre los cuales el pintor fue sentenciado.
La pintura, trata de una vendedora de periódicos con un niño a cuestas a la usanza serrana y un haz de periódicos en las manos mientras camina por el mercado de frutas anunciando su venta. Fue absurdamente encarcelada porque los Sha-Kales del dictador algún peligro vieron en ella, tanto así que me sobrepasó en años en la prisión.
Ahora está en mis manos, cuidaré de ella y la llevaré de regreso a mi país, donde mis descendientes la pasarán de una generación a otra disfrutando indefinidamente de la libertad.
Pacífico Castrellón S.
31 de diciembre de 2008.
